Una incalculable cantidad de petróleo es atacada por BP en el fondo del océano para impedir que salga a flote. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Guardia Costera autorizaron la aplicación del dispersante en la fuente de salida del petróleo para evitar daños mayores.

Los fabricantes de dispersantes y el mismo plan de respuesta de BP, están protegidos bajo una clausula de “Información Confidencial de Negocios” (CBI por sus siglas en inglés). Esto les permite guardar silencio amparándose en la Ley y no revelar los componentes del dispersante usado y sus cualidades, en consecuencia es complejo determinar el impacto que pueden causar estos dispersantes en el ambiente, la calidad del agua y del aire y la salud humana, especialmente ahora que  han sido usados en un lapso de tiempo prolongado y en cantidades cuyo impacto nunca ha sido evaluado.

Nadie sabe cuánto crudo se ha drenado desde la profundidad del océano, lo que sí sabemos es que no es confiable la metodología de medición de BP, el NOOA ha estimado 210,000.00 gal/día y otros científicos han estimado 1,050,000.00 gal/día. Si nos guiamos por esta última cifra que está muy por debajo del estimado del peor escenario, a la fecha ya se han triplicado los 11 millones de crudo que fueron derramados por el Exxon Valdez hace 21 años y cuyos daños persisten.

Los daños actuales y futuros del derrame se deben ponderar y evaluar en profundidad, el daño es profundo y está en lo profundo. Lo que vemos en la superficie son solo indicadores del daño que se está haciendo y este problema persistirá en el tiempo.