Artículo publicado en El Nuevo Herald-Miami 

Mientras en París se negociaba un acuerdo global para sobreponernos a los retos del Cambio Climático; en Miami recibíamos lluvias intensas y prolongadas. La naturaleza reafirmaba la necesidad de fortalecer nuestra respuesta a los efectos del nuevo patrón climático.

Según el Servicio Meteorológico Nacional, fue el segundo diciembre más lluvioso desde 1895. No alcanzamos a ver leones y osos en las calles, pero el agua llenó considerablemente las fosas en el Zoo Miami, unas pulgadas más de lluvia y los animales habrían salido a nado.

Pero los costos millonarios del zoológico: daños de infraestructura; 5 días consecutivos cerrados al público sin percibir ingresos; y las sobrevenidas necesidades de adaptación del parque a las inclemencias del Cambio Climático; parecen preocupar más a los antílopes, que se vieron con el agua al cuello, que a las autoridades y residentes.

Entre 60 y 70% fueron las pérdidas que sufrió el sector agrícola, pero más de una semana tomó que el Alcalde solicitara al Departamento de Agricultura la Determinación Secretarial de Desastre, para que en unos meses le respondan si van o no a resarcir los daños. El impacto económico de la producción agrícola de Miami-Dade es de más de $1.6 mil millones de los $120 mil millones del Estado de la Florida y sostiene 11,000 de los 2 millones de empleos.

El agua también inundó parte de los $500 millones que produce la semana de Art Basel; exhibiciones previstas al aire libre fueron canceladas o improvisadas bajo techo, y algunos ni llegamos. No me puedo imaginar un lugar mejor que Miami para Art Basel. Pero la estrategia de adaptación no puede ser proveer de paraguas a los invitados, porque en estas condiciones, ni las aseguradoras se comprometerán con el arte.

Lamentablemente el gobierno de la Florida tiene una actitud indiferente ante los impactos del Cambio Climático, semejante a la actitud que se ha tenido durante los últimos 10 años en los que se nos advirtió que los costos de tomar acción para evitar el daño iban a ser menores que los costos de recuperarnos y adaptarnos.

Pero los residentes no nos quedamos atrás y de seguir así tendremos que decir, en analogía con el sermón del Pastor Niemöller: -Cuando vino por la gente de Miami Beach no hice nada porque no residía ahí; cuando vino por el Zoo Miami hice silencio porque no era del zoológico; cuando vino por los agricultores en Homestead no proteste porque no era agricultor; y, sí viene por mí ya no habrá nadie para ayudarme.

Sí evaluamos el riesgo y planificamos en función del mismo, podemos evitar que las amenazas de origen natural se conviertan en desastres. Evitar víctimas fatales y las pérdidas económicas y materiales, dependerá del desarrollo de las condiciones económicas, sociales y culturales del Estado. Exigir enérgicamente la adaptación a las condiciones actuales del patrón del clima, tiene y debe ser nuestra prioridad en el 2016.