Ayer 21 de septiembre como todos los años desde 1981, celebramos el Día Internacional de la Paz. Desde el 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró: «el Día Internacional de la Paz se observará en adelante como un día de cesación del fuego y de no violencia a nivel mundial, a fin de que todas las naciones y pueblos se sientan motivados para cumplir una cesación de hostilidades durante todo ese Día». Pero, mientras hacíamos la campaña me sorprendió encontrar que se repetía con frecuencia el mismo comentario: ¿Día de la Paz? ¿Cuál Paz? ¿Hay un día de la paz? ó “no creo en estas celebraciones…”

Tengo que confesarles que esto me afecto. Siento que nos cuesta mucho enfocarnos en la dinámica de crecimiento social. El Día Internacional de la Paz está dedicado a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y de cada pueblo entre sí. Me decidí a escribir este blog, no para hacer una apología de la paz, que ya bastante hay que decir al respecto, sino para expresar lo que significan estas fechas de celebraciones mundiales, internacionales o nacionales.

Cuando Naciones Unidas o cualquier otro ente declara una celebración especial, el objetivo es llamar la atención sobre el tema en cuestión y aprovechar la oportunidad para que todos los sectores del Estado, que somos todos: administración pública, empresa privada y sociedad civil, nos unamos en una sola voz para generar un proceso de intercambio, sensibilización, educación o formación de interés social.

Con esta breve nota espero haber contribuido a que la próxima vez que escuches que hay un Día del Niño, de la Madre, de la Tierra o de la Lucha contra la Desertificación, asumas la actitud de un multiplicador del esfuerzo y te conectes con la esencia de la comunidad para celebrar a gritos que tenemos razones para luchar por un mundo mejor.

¡Feliz Día de lo que sea!