¡Se está quedando sordo!  Sí, nuestro pez payaso no escucha ni el clamor de las olas tropezando el arrecife coralino que por el calor excesivo que hay en el agua se desprende de sus nutrientes y termina emblanquecido, enfermo, indefenso y en peligro de muerte. El pez payaso, que se guía por el sonido para librarse de sus depredadores huyendo de los corales, y se vale de los sonidos también para cazar y encontrar pareja está enfermo por la acidificación del océano.

La enfermedad de Nemo y la de los arrecifes tienen un denominador común, las emisiones de dióxido de carbono [CO2], que no solo causan el calentamiento global y el emblanquecimiento de los corales sino que dejan sordo a Nemo, porque el océano en su función natural de autorregulación de los ecosistemas captura el CO2 que emitimos a la atmosfera, y como estamos en exceso de emisiones, se sobrecarga de CO2 y se acidifica. Acidificación que –entre otras cosas-, ensordece a Nemo.

Pobrecito Nemo, se está quedando sordo porque no apagamos la luz cuando no la estamos usando, dejamos los cables enchufados de la pared, no controlamos el termostato del aire acondicionado, manejamos más de la cuenta, no ahorramos energía. Encima no reciclamos todo lo que podemos, compramos hasta lo que no necesitamos, no elegimos productos con menos empaque y no llevamos al mercado la bolsa reusable; porque se nos olvida o porque no estamos interesados en hacer un esfuerzo “humano”. En consecuencia, la industria no siente la presión de reducir su huella de carbono, o sea, no ahorra energía reduciendo el tamaño de los empaques, ni emplea la tecnología disponible para solo comerciar productos energéticamente eficientes -caso de los bombillos de luz, entre otros-.

Después, está el gobierno, que no establece leyes coherentes con las necesidades actuales de reducción del consumo de energía. No elimina el uso de bolsas plásticas, no destina fondos suficientes para el crecimiento del servicio de transporte público, no establece cuotas de disminución de emisiones de gases efecto invernadero como el dióxido de carbono, no invierte suficiente para la reducción de nuestra dependencia del petróleo generando energía basada en fuentes renovables como la eólica y la fotovoltaica. En fin, no establece políticas que definan a corto, mediano y largo plazo el camino al desarrollo sostenible.

Y, el tercer sector, la sociedad civil organizada en fundaciones en competencia permanente de nado en aguas profundas por los recursos que cada vez son menos, unos con fama y reputación, otros sin ella, unos con apoyo de los otros dos sectores y otros sin él, unos con vocación, otros sin ella, con mucho, poco o ningún resultado. Enumerando algunas de las raíces del problema no quiero perder de vista que al final de esta larga lista de indolencia, estamos todos navegando en el mismo barco viendo golpear las olas en la embarcación y pensando que mientras estemos adentro la tempestad no nos afectará.

Que equivocados estamos, no tendremos fuentes de agua limpia ni cómo alimentarnos, las especies que podrían ser la clave para mejorar nuestra salud seguirán desapareciendo y, con ellas, la calidad de vida y la cura para muchas enfermedades. Pero la suerte de Nemo es mejor que la de otras especies, en su caso, él quedo inmortalizado y siempre podremos ver la película de Disney “Buscando a Nemo”, y así recordar cómo era el pececito hermoso que hablaba de la vida con tanta esperanza y, después no quiso escuchar mas nuestras promesas de amor por la Madre Tierra. Promesas que hemos hecho en nombre de nuestra propia supervivencia y promesas son. La pregunta es: ¿Quién verá una película sobre nosotros si acabamos con el planeta? ¿Luciremos tan graciosos como Nemo cuando vean lo que hicimos como “civilización”? Hoy 8 de Junio es el Día de Los Océanos, Nemo ya no escucha. ¿Y tú?