Mosquitos genéticamente modificados. Por las graves consecuencias humanas y sociales del Virus del Zika la Organización Mundial de la Salud instó a los gobiernos afectados a utilizar nuevas metodologías para combatir el mosquito, debido a su posible vinculación con el nacimiento de niños con microcefalia y el síndrome de Guillian-Barre, un desorden neurológico grave en adultos.

Frente a la ausencia de una vacuna, controlar el mosquito que transmite tanto el zika como el dengue y el chikungunya es la línea más inmediata de defensa contra el mosquito. Especialmente por las condiciones climáticas del planeta, que indican que seguirá calentándose de forma tal que el mosquito seguirá avanzando, proliferándose e invadiendo espacios en los que no era privilegiado.

El Aedes aegpti es resistente y solo necesita un clima cálido y húmedo, y un poco de agua estancada para poner en ella sus huevos. Solo un poco es suficiente, tanto la que queda en un plato bajo una maceta, la que se acumula en el interior de un neumático viejo, un pequeño charco o una lata. Y si están sucios, con materia orgánica para alimentar a las larvas, mejor: a los 10 días se tendrá una nueva generación de mosquitos dispuestos a transmitir el dengue y otras enfermedades.

El control convencional de plagas de insectos, tanto en salud pública como en la agricultura, se basa en el uso de pesticidas químicos. Pero este mosquito se resiste a ser controlado de esta manera y la ingeniería genética podría ser la respuesta que, todos estamos esperando en esta emergencia. Sin embargo, hay que ser cautelosos con estas alternativas, la propia OMS indicó en un comunicado que se necesitan más ensayos para extender su uso.

Algunas de las alternativas en cuestión para el control del mosquito Aedes aegpti se han empleado en el pasado sin que se conozcan consecuencias negativas.

Estas implican la liberación al ambiente de mosquitos genéticamente modificados así:

  1. Mosquitos machos estériles irradiados, para que se apareen con hembras de las mismas especies, lo cual resulta en una disminución de la población. Una técnica que ha sido desarrollada en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), de Naciones Unidas, y que ya fue probada en diversas localidades de África para combatir otra clase de insectos.
  2. Mosquitos portadores de la bacteria Wolbachia que inutiliza los huevos y que no infecta a los humanos. Técnica empleada en el pasado en crisis epidemiológicas de dengue para controlar el mosquito. Pero todavía no se confirma el vínculo entre esta práctica y la disminución del virus
  3. Mosquitos genéticamente modificados para que su descendencia muera en la etapa de larva y no pueda reproducirse; sistema que actualmente se está probando en las Islas Caimán y en Piricacicaba, Brasil.

La preocupación de los científicos más precavidos, y la mía, es la posible sobrevivencia y permanencia de mosquitos genéticamente modificados que podrían dar paso a una nueva población de Aedes modificados sin presencia previa en los ecosistemas y cuyo impacto, por ende, es desconocido.

Pero los partidarios insisten en que los mosquitos machos genéticamente modificados, aunque son capaces de reproducirse, son incapaces de producir una generación viable. En otras palabras, las larvas del mosquito no logran desarrollarse. La práctica de irradiar los mosquitos para dejarlos estériles los debilitaba de tal forma que las hembras no los preferían para reproducirse. Con la modificación genética se les logra engañar, llegan a reproducirse pero el proceso no se completa.

Sí los modificados son machos, esos no pican a los seres humanos, así que por ahí no habría problema. La pregunta que nadie puede responder es cómo evitamos que un mosquito genéticamente modificado entre en la cadena trófica, es decir, cómo nos aseguramos que no sea apetecible por ninguno de sus depredadores naturales. ¿Morirán todos los mosquitos mal creados?- dicen que sí. ¿Tendrán crías?- dicen que ¡no!

Me vino a la mente la canción aquella de mi infancia que iba así: La mosca a la rana, la rana que estaba sentada cantando debajo del agua. Cuando la mosca se puso a cantar, vino la araña y le hizo ¡callar! Ojalá y de una buena vez, controlen al dichoso mosquito sin efectos secundarios. Y, ojala, también nos liberemos del cambio climático a tiempo para que no tengamos que arriesgarnos jugando al mal menor.