El derrame de BP en el Golfo de México  fue un desastre para la humanidad y nueve meses después sigue siendo tristemente célebre. La  considerable cantidad de contaminantes que acumuló en el ambiente causaron y causan indiscutibles daños a la salud humana y a los ecosistemas.

 El reporte final de la Comisión Nacional del Derrame de Petróleo nombrada por el Presidente Barack Obama -revelado esta semana-, menciona el tema de salud y, los miembros de la comisión escucharon este miércoles las quejas de quienes alegan que su sufrimiento fue desestimado injustamente.

Las penosas consecuencias de este desastre en la salud humana comienzan a ser más visibles con el paso del tiempo. Nos preocupan los dramáticos impactos que acusan tener en su salud algunos residentes de Luisiana y sus alrededores. “Yo estoy enfermo hoy y nadie quiere encargarse de mí” dijo James “Catfish” Miller, un pescador de Biloxi, Missisipi, que trabajó por 60 días en el programa de limpieza de BP usando su bote.

Los Comisionados admitieron que sus recomendaciones para que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) establezca un monitoreo de los efectos del derrame en la salud, no ayudarán a aquellos que alegan que su trabajo en las aguas contaminadas y en los cenagales aumentó el nivel del cancerígeno benceno en sus cuerpos y ha causado que se desaten enfermedades respiratorias e intestinales.

El problema radica en que no fue posible probar una correlación entre los problemas de salud y el derrame. Boesch, un miembro de la comisión señaló que durante el periodo de evaluación no se tuvo acceso a evidencia empírica sobre los impactos del derrame en la salud.

Sin embargo, pueden llenar un reclamo por daños personales aquellos que vean afectada su salud y tengan evidencia de que su enfermedad es consecuencia de la exposición al petróleo o a los dispersantes usados para evitar que el derrame llegara íntegro a las costas.

BP, a través de la firma Feinberg (gulfcoastclaimsfacility.com) ha pagado a solo 59 personas un promedio de $1,800 por reclamo por daños personales o muerte debida a la explosión o al derrame. Pero en realidad, esta firma ha recibido más de 400 reclamos.

El reporte de la Comisión establece que dicha firma no tiene un proceso claro y justo para hacer una evaluación sistemática de los reclamos. Otras organizaciones sociales y protectoras del ambiente han desarrollado sus propios estudios entrando en contacto con sus comunidades y han logrado establecer vínculos bastante claros entre la exposición a la contaminación producto del derrame de BP y los efectos en la salud de los habitantes pero irónicamente no son vinculantes, los hechos están ahí, falta probarlos.

También la Asociación Ambiental de Luisiana reveló los resultados de los análisis de sangre de 12 personas que fueron tomados durante los meses de septiembre, noviembre y diciembre. Todos ellos, trabajadores de limpieza y residentes de la costa del Golfo de México. Se detectaron niveles elevados de bencénico, en cuatro personas.  También fue detectada la presencia de etilbenceno y xileno en las muestras de sangre. El etilbenceno puede causar serios daños en la audición, mareos y daños en el hígado, y ocasionalmente, podría causar cáncer. El xileno causa también mareos, dolores de cabeza, irritación en la piel y confusión.

Los estudios científicos de los efectos en la salud de los trabajadores, voluntarios y residentes de los lugares en donde se han tenido desastres petroleros ponen en evidencia los efectos en la salud de dichos derrames. Por ejemplo, después del Desastre del Exxon Valdez, el Instituto Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional (NIOSH) reportó un aumento en los síntomas respiratorios, dolores de cabeza, irritación de la garganta y los ojos, erupciones y otros problemas de la piel.

Más recientemente, un estudio realizado en España después de un  derrame en el 2002, encontró que los trabajadores y voluntarios de limpieza de la playa presentaron un aumento en el daño al ADN. Lo que esto implica a largo plazo todavía es desconocido. En Alaska, un estudio de la salud mental de los residentes un año después del derrame encontró que los individuos expuestos eran más propensos a sufrir de ansiedad, de desorden de stress post-traumático (PTSD) y depresión.

La gran conclusión aquí es que estamos frente a un verdadero problema de procedimiento, estaremos lidiando contra los tecnicismos de los que se vale la industria para distraer la responsabilidad que tiene mientras no se establezcan reglas claras de responsabilidad en caso de derrames petroleros. Así que no solo estamos indefensos por la incapacidad que ha demostrado la industria de responder ante los accidentes cuando se hacen perforaciones petroleras en alta mar, sino que está frustrado el derecho de reclamar una justa compensación sobre el daño a la salud humana y al ambiente hasta tanto el Congreso no imponga a la industria la obligación de ejercer procedimientos sistemáticos claros y justos para evaluar dichos reclamos o se establezcan organismos de arbitraje para resolver conflictos.

Esta semana tuve la oportunidad de reunirme con miembros de la tribu United Houma Nation quienes compartieron conmigo sus preocupaciones sobre las condiciones en que ha quedado su territorio, su fuente de sustento y el estado de salud de su gente, son historias realmente conmovedoras que estaremos preparando para ustedes porque no es justo que no se divulguen y es menos justo que no se de respuesta a las comunidades afectadas. Para que juzguen con sus propios ojos, esta es la carta que ellos han recibido por respuesta de BP.