Fukushima, 25 años después de Chernobyl

El accidente en la central nuclear Ucraniana de Chernobyl – él más grave en la Escala Internacional de Eventos Nucleares y uno de los mayores desastres ambientales de la historia-, parece no haber preocupado lo suficiente a empresarios y gobiernos que siguen atentando contra la salud pública, sin que tampoco se manifieste un esfuerzo de las comunidades por exigir que se garanticen sus derechos evitando altos e irrazonables riesgos.

Las características del siniestro en Japón son considerablemente diferentes a las que originaron la citada tragedia de Chernobyl, pero en lo que coinciden ambas es en el desastre que causan en la salud humana y el ambiente. Digo que causan porque lamentablemente, los efectos de la radiación permanecen en el ambiente impactando la salud humana y los ecosistemas.

Quienes defendemos el derecho humano a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado para proteger la salud humana y el ambiente, hemos insistido en que las Plantas de Energía Nuclear, si bien representan una alternativa de generación de energía limpia, no es menos cierto que acarrean un número de pasivos ambientales y representan un riesgo que no justifica la alta inversión que requieren para operar.

Los gobiernos deben garantizar la seguridad de la población. En el caso de Japón, las plantas nucleares están literalmente en medio de una ciudad en las cercanías de una metropolis como Tokyo y en una zona sísmica de alto riesgo. Resulta inverosímil que se haya considerado ésta zona para establecer dichas plantas y que no se hayan preparado para una emergencia de esta magnitud cuando realmente se conoce de sobra cuales son las necesidades de una Planta Nuclear para el manejo de una emergencia.

Reconozco que la fuerza de la naturaleza es imposible de contener y aunque en Japón tienen la preparación para enfrentar estos fenómenos, han sido irresponsables al permitir una Planta Nuclear en una zona de alto riesgo sin tener evidencia de que podían responder ante una emergencia y nos mantienen en vilo esperando que no pase a mayores el problema. ¿Les suena conocido?

El año pasado la tragedia de BP en el Golfo de México. Este año Japón. Una vez más, necesitamos internalizar que no se puede exponer a una población e indirectamente al mundo a un desastre de esta magnitud y quedar impunes. En nombre del desarrollo no se puede sacrificar la vida. Necesitamos un organismo internacional, ojalá una Corte Penal del Medio Ambiente, que sancione los delitos ecológicos y obligue a los Estados a evitar estos accidentes porque hace falta sólo uno para generar una tragedia humana de alta magnitud.