Año 2008, la Medicina de la Conservación vincula el cambio climático a la propagación de enfermedades advirtiendo que entre las muchas enfermedades que el Cambio Climático puede exacerbar hay Doce Mortales:

Tuberculosis, Fiebre del Valle del Rift, Enfermedad del sueño, ‘Mareas rojas’, Gripe Aviar, Babebiosis, Cólera, Ébola, Fiebre amarilla, Parásitos intestinales, Enfermedad de Lyme y Peste. Evidentemente este análisis de la Ciencia refleja nuestra realidad.

Año 2014, el cambio climático avanza aceleradamente, sus consecuencias nos alcanzan y nuestro mundo en emergencia tratando de compeler el avance de uno de los Doce Mortales. EL Ébola. ¿Por qué ignoramos de esta manera la ciencia? ¿Cuánto más vamos a esperar? Fue extraordinariamente elocuente el Congresista Whitehouse cuando bloquearon la resolución sobre el cambio climático y, palabras mas, palabras menos, señaló a sus colegas: Confiamos en la NASA para enviar a nuestros astronautas al espacio; confiamos en la NOAA para predecir las condiciones del tiempo; confiamos en el Navy; todos ellos nos advierten sobre el Cambio Climático y, ¿pensamos que están “conspirando”?

El cambio climático es resultado de la acumulación de gases efecto invernadero en la atmósfera, estos concentran los rayos solares en la Tierra y entre sus consecuencias están el aumento de la temperatura global y eventos extremos como precipitaciones y sequías. Mientras el Cólera y el Lyme se asocian con cambios en la temperatura; el Ébola está relacionado con cambios en las características de las precipitaciones.

Según análisis meteorológicos satelitales tomados por la NASA, los brotes de ébola se relacionan con lluvias intensas al final de un período de intensa sequía. De hecho, brotes de Ébola entre 1994 y 1996 en el África tropical están asociados a los cambios repentinos de condiciones secas a húmedas.

Se considera que las zonas con variaciones inesperadas de las épocas de lluvia -con cambios abruptos de períodos secos a húmedos- son más vulnerables a los brotes de Ébola porque las condiciones de extrema sequía fuerzan a algunos árboles frutales a posponer su fructificación y cuando llegan las lluvias y dan sus frutos, todas las especies, entre ellos los murciélagos y monos pteropus, se hallan bajo los árboles transmitiéndose los microbios unos a otros.

Además, las deforestaciones aumentan el riesgo de contagio de la enfermedad a los humanos a través de la sangre y otros fluidos porque los animales infectados se acercan mas a las poblaciones. El desplazamiento de los animales también anima la caza de los “sobrevivientes”, como los murciélagos, que son uno de los huéspedes naturales más comunes del Ébola.

Nos ahorraríamos muchos problemas si consideráramos la Ciencia como una Profecía aunque los científicos no sean ni necesiten ser profetas. Tengo la seguridad de que además, nadie quiere ser profeta del desastre, si consideramos las advertencias de los científicos para prevenir problemas y reparar los daños, seguramente tendríamos menos razones para lamentarnos. Por eso me preocupa tanto que una expresión como “No soy científico” venga de nuestro gobernador en Florida, un estado tan vulnerable al cambio climático. Ojalá rectifique y pronto.

Es probable que los brotes de Ébola sean más frecuentes y que se registren en nuevas localidades como consecuencia de las alteraciones que el cambio climático produce en el régimen de precipitaciones- así se expresaban los científicos en el Informe de los Doce Mortales, 2008. Sea Ciencia, Conspiración o Profecía, hoy reconocemos que, más allá de la presencia del Cambio Climático, nos amenaza la globalización de sus consecuencias porque estamos todos conectados. Poco importa si la sequía fue en África o en América, estamos todos conectados. Ya nos alcanzaron los casos de Ébola en el país! Tenemos una drástica lista de 11 enfermedades más. Si en cualquier parte del mundo uno se enferma podemos enfermarnos todos #ActOnClimate, ¡conéctate! y se parte de la solución.

Firma la petición en www.floridaverde.org