Entrevista a Mildred Real. Publicado el 24 de Abril de 2015 en el Nuevo Herald.

http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/bernadette-pardo/article19432767.html

Pobre planeta el nuestro, pero depende de donde se mire. Desde hace ya 45 años los ambientalistas han celebrado el Día de la Tierra alertando sobre su posible extinción a manos de nosotros los humanos. Según el más reciente y profundo estudio científico nacional, la Florida es uno de los estados más vulnerables al calentamiento global cuyos efectos, según varios pronósticos, podrían dejar a muchos residentes en nuestras costas bajo el agua literalmente y a otros que viven en lugares como Hialeah con casas frente al mar.

Pese a todos estos pronósticos aquí, gracias al gobernador Rick Scott, vivimos en otro planeta, Aquí en el país de las maravillas por edicto gubernamental el calentamiento global no existe, mejor dicho, no se puede mencionar en reuniones o documentos oficiales del estado.

Aunque el gobernador piense que el cambio climático es algo que solo afecta a mujeres de cierta edad la realidad es otra y nos afecta a todos.

Por eso con toda intención el presidente Barack Obama decidió celebrar esta semana el Día de la Tierra aquí en la Florida, en el epicentro de la relevancia del medio ambiente bajo asedio. En medio de los Everglades, una de las maravillas de la naturaleza que agoniza bajo el efecto de la contaminación con fertilizantes de la industria azucarera y de las crecientes mareas, el Presidente advirtió que si no actuamos ahora los Everglades dejarán de existir como los conocemos. “El cambio climático no puede ser negado, no puede ser editado, no puede ser omitido de nuestra conversación”. Sobre todo porque los Everglades agonizantes no ofrecen solo uno de los paisajes más bellos del mundo sino porque son la principal fuente de agua potable para 8 millones de personas que vivimos en el sur de la Florida.

En esta visita agreste, Obama observó con deleite que en los Everglades los cocodrilos y los caimanes conviven pacíficamente pese a que pertenecen a distintas especies. Algo que no ocurre en los pantanos de Washington, con raras excepciones.

Mientras que la mayoría de los precandidatos presidenciales republicanos prefiere no mencionar el calentamiento global o negarlo, como Marco Rubio, el congresista republicano Carlos Curbelo se atrevió a acompañar al Presidente en esta celebración del Día de la Tierra y a decirnos que “el calentamiento global es evidente y tenemos que hacer todo lo posible por contrarrestarlo”.

Eso es lo que piensa la gran mayoría de los votantes de la Florida. El 75 por ciento de ellos votó a favor de la enmienda 1 para dedicar fondos públicos permanentes a la preservación de aguas y terrenos en riesgo. El gobernador y la legislatura estatal están haciendo todo lo posible por subvertir este mandato popular.

“Es una grosería lo que está pasando”, nos dice Mildred Real, directora de América Verde. “El 75 por ciento de nosostro votó para preservar el agua y las tierras vírgenes y resulta que ahora quieren utilizar este dinero para construir plantas de agua y para pagar el salario de empleados estatales. Y seguimos vendiendo reservas naturales irreemplazables para construir Wal Marts”.

El llamado Estado del Sol es uno de los más atrasados en fomentar el desarrollo de la energía solar. Hace poco, la Comisión de Servicio Público de la Florida eliminó de un plumazo los incentivos para esa industria de energía alterna. Pero seguimos aprobando a toda velocidad la construcción de plantas nucleares al lado del mar y postes eléctricos gigantescos en zonas de huracán. Miami Beach ya tiene que bombear el agua que inunda sus calles cada vez que sube la marea.

“Ante el aumento del nivel del mar y del consumo energético y la pérdida del agua potable, estamos desprotegidos mientras no haya en el estado la conciencia política, porque todo es política”, nos dice Real.

Y añade con tristeza: “La gente prefiere meter la cabeza debajo de la tierra como los avestruces”.

Al paso que vamos, pronto no habrá suficiente tierra donde meter tantas cabezas huecas.