Parece que la ciencia se apresura en idear formas de subsistencia, y es comprensible que con toda la información disponible y, en medio de la frustración por la falta de medidas efectivas para detener la perdida de la diversidad biológica de La Tierra, algunos científicos ocupen sus investigaciones en intentar salvaguardar la esencia del planeta.

Con sorprendente creatividad y con una inversión multimillonaria, tenemos hace años la “Bóveda del Fin del Mundo” en Noruega, que es el primer Banco Mundial de Semillas, creado para salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento; y, ahora aparece en Rusia, el “Arca de Noé”.

En la Universidad Estatal de Moscú, un grupo de científicos pretende imitar a ese hombre justo y merecedor de la gracia divina de ser salvado, creando el primer banco mundial de biomateriales de todos los organismos vivos de la Tierra.

Cerca de 194 millones de dólares se han asignado para un proyecto de 4 años. El rector de la universidad rusa Víctor Sadóvnichi, señaló que el espacio incluirá “lo que había antes, así como las especies que están desapareciendo y las que prosperan”. ¿Será posible tener una muestra de “todos los organismos vivos de la Tierra”? – ¡Pues, por supuesto que no! Hace falta ser ingenuo para pensar que en un laboratorio se puede conservar, hasta lo que todavía desconocemos, y más ingenuos para depositar ADN en un banco como este.

Este proyecto, además pretende construir un sistema mundial de interconexión de depósitos de “vida” y el almacenamiento criogénico de material celular que “luego” podrá reproducirse. Me pregunto, ¿por quién? Y en todo caso, espero que dejen las instrucciones porque de lo contrario, para que esto sirva de algo, los científicos tendrán que sobrevivirnos. Pero el objetivo del proyecto mas allá de su aclamada “conservación de la biodiversidad”, es usar este material para la investigación científica. Quizás, esto tenga mas sentido en cuanto a costo y tiempo.

En el caso del Banco Mundial de Semillas de Svalbard, éste es impermeable a la actividad volcánica, terremotos, radiación, la crecida del nivel del mar y el calentamiento global. Las bóvedas en una crisis podrían permanecer congeladas hasta 200 años. Espero que tengan a salvo las variedades de plátanos que han desaparecido de África como consecuencia del hongo “Mal de Panamá” que amenaza con llegar pronto a Latinoamérica. Finalmente de eso se trata.

Sin embargo, en el caso de la mal llamada Arca de Noé, la considero una preocupación mundial en cuanto a la necesaria revisión de acuerdos globales como el Convenio de Biodiversidad para que una intervención de este tipo en la que un país dispondría de una amplia información sobre la biodiversidad planetaria, sea regulada y sobretodo limitada. Especialmente porque estamos hablando de criogenia, material celular, e investigación y no hemos conseguido una visión universal sobre los principios éticos que deben limitar la investigación científica.

Este tipo de opciones, de nada sirven si no hay suelos fértiles, agua con que sostener la vida y un largo etc. Asumir la carga de reducir en todo lo posible nuestra huella ecológica y enfocar las inversiones económicas en reducir el cambio climático es la única forma de asegurar que al final del camino, literalmente, siga saliendo el arco iris y no haya mas diluvio. Pero en pleno diluvio universal, nosotros imitando a Noé, es un simbolismo que no nos salvará de esta historia de derretimiento que a fuego no muy lento cocinamos y mas bien puede llevarnos a otra historia mala.